La bohemia de Cantábrico: porque popular no significa malo

La bohemia de Cantábrico: porque popular no significa malo

En una época de boliches instagrameables -donde la foto perfecta del espacio o de un plato estéticamente servido venden más que el sabor o la experiencia- abundan los lugares que cuidan mucho los detalles. Y está muy bien. Pero también es cierto que existen otros de corte más popular, que, aunque sencillos, cuentan con una clientela consolidada que los premia por su conveniencia, autenticidad, sabor y contundencia. 

En ese grupo se encuentra “La bohemia de Cantábrico” -o, simplemente, Cantábrico-, clásico bar del barrio Lastarria que ha mantenido su esencia popular pese a la permanente transformación de la zona, que cada vez ofrece más lugares que se ven y se sienten un escalón más arriba en infraestructura, servicio y oferta, pero que no lo superan en ambiente, mística o concurrencia.

Cantábrico es un bar popular, pero eso no es sinónimo de malo ni de deficiente. Más bien es un lugar modesto, simple, donde se come y se bebe bien, a buenos precios, con una atención cercana y amigable que, a la larga, te hace sentir parte de la casa. Es de esos bares donde te vas a la segura si quieres pasarlo bien, disfrutar y no gastar demasiado. 

Aquí no importa mucho la estética -casi de bar universitario-, sino el ambiente, la onda, la vibra que se comparte con los otros comensales y que te permite, por ejemplo, terminar la noche conversando en total armonía con la gente de la mesa de al lado. El Cantábrico es entretenido, auténtico, real. Y su oferta sigue la misma línea: contundentes completos, chorrillanas y empanadas para compartir, pero también enjundiosas cazuelas o plateadas con agregado. Todo rico, todo conveniente.

¿Y para tomar? Todos los tragos que te puedas imaginar. Y cervezas: industriales y artesanales, en botella y schop. Hace un tiempo sumaron a su barra distintos estilos de la cervecería Hasta Pronto, lo que es ideal para cerveceros como yo. Pero si lo tuyo es la clásica de litro, también la puedes pedir. 

En resumen, un auténtico y accesible bar que nos demuestra que, incluso en los barrios de moda, siempre hay rincones donde podemos disfrutar sin pretensiones. Un clásico del Lastarria profundo, ese que se mantiene con vida incluso al caer la madrugada.

Alameda #287, Santiago.

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