Una acogedora casona restaurada -con muros de adobe, pisos de madera y una gran terraza- alberga el bar-restaurant Damajuana, boliche que, en pleno barrio Italia, busca rescatar la cocina tradicional chilena a través de una nutrida carta de platos clásicos, algunas interesantes reinterpretaciones y, cómo no, bebestibles para todos los gustos.
Se trata de un espacio muy bien presentando y no particularmente pretencioso, lo que lo convierte en un lugar ideal para quienes prefieren ambientes sencillos, con onda y buen servicio, por sobre parafernalias innecesarias. Aquí lo que manda es la buena comida: sabrosa, contundente y enjundiosa. Y todo lo que tienen para saciar la sed, esa que aparece con fuerza cada viernes y se extiende por todo el fin de semana.
Como es de esperar, en Damajuana podemos disfrutar de un buen congrio frito, un sabroso pastel de choclo o un monumental osobuco. Y como los sánguches son parte fundamental de nuestra idiosincrasia, no podía faltar uno de pescado frito con chilena y lactonesa, o el de tapabarriga desmechado. Un manjar. Incluso tienen completos, pero en un estilo propio: con salchicha de jabalí.
Y si el grupo es grande y la idea es compartir, no pueden perderse los crudos, chorrillanas y ostiones gratinados. Un lujito. Todo cumple muy bien incluso cuando el hambre aprieta. ¿Y si andamos secos? No hay problema: podemos humedecer el gañote con una seductora carta de bebidas chilenas como el navegado, la vaina o la chupilca.
Cuentan, además, con variedades de schop Edelstoff, una buena carta de vinos tintos y blancos, y la “coctelería Damajuana”, con recetas propias como el Jardín (pisco, aperol, licor de frutos rojos, jugo de pomelo y jugo de limón) y el Violeta Parra (gin, ramazzotti violetto, espumante, limón y syrup de vino tinto). Pero, si buscamos tener una jornada de alto octanaje, podemos siempre disfrutar de una buena piscola, un negroni u otros tragos clásicos. Ojo con el happy hour, disponible de martes a sábado, entre 16:30 y 20:30 horas.
Definitivamente, un gran lugar para ser o sentirse chileno en un entorno animado y cargado de todo lo que nos gusta y nos hace disfrutar.
Condell 936, Providencia.

